15 feb. 2014

La descendiente de los Liánn

12. La descendiente de los Liánn

            Desde hacía unos días, Andrea discutía muy a menudo con sus padres pero Cristal nunca se enteraba de cuál era la causa. Un día, Angelo le dijo que Andrea la estaba buscando,  y que estaba en uno de los salones.
            Bajó hasta allí y encontró a Alina, a Anthony y a él, dentro. Alina con expresión normal, igual que Anthony, pero Andrea con el ceño fruncido, malhumorado.
            -¿Ocurre algo?
            -Pasa, Cristal. –Le dijo Alina sonriente.
            Cristal se sentó en uno de los sillones, delante de ellos, sin saber para qué la habían llamado.
            -Queríamos consultarte algo. –Le dijo con una encantadora sonrisa. –Verás, como sabes, la familia Liánn ocupaba un papel muy importante en la jerarquía vampírica.
            -Era una de las familias más nobles, y por tanto entablaba una estrecha relación con los miembros de la corte. –Añadió Anthony.
            -La corte está formada por siete vampiros, todos ellos de las siete familias más importantes. Tu abuela formó parte de ella durante una época pasada. Andrea la relevó cuando se retiró, ella misma lo eligió. –Siguió Alina.
            Cristal miró a Andrea ¿así había conocido a su abuela?
            -No entiendo qué tiene que ver eso conmigo...
            -Los miembros de la corte pensaban que estabas muerta. Después de tu excursión a la Ciudad de las Lluvias tu nombre se ha vuelto conocido... Y cuando los miembros del consejo recibieron tus papeles cayeron en la cuenta de que eras la misma persona. –Siguió explicándole Anthony.

            -Pero esos papeles son anuales, ¿por qué se han dado cuenta ahora y no antes? –Preguntó Cristal.
            -Porque hasta ahora había estado rellenando los informes con mis apellidos. –Dijo Andrea, hablando por primera vez desde que había entrado en la sala. –Para liberarte de los peligros que conllevaba ser de la familia Liánn. Pero alguien te hizo poner tu verdadero nombre en los papeles. –Le dirigió una mirada severa a su madre y volvió a poner cara de pocos amigos.
            -El caso es que la corte ha sabido de tu existencia y nos ha hecho saber que quieren conocerte en una presentación oficial. –Concluyó Alina.
            -¿Qué? ¿Por qué?
            -Porque eres la última descendiente de los Liánn. A la corte le gusta estar rodeada de las familias más nobles. Seguramente querrán que ocupes el lugar de uno de los miembros cuando este renuncie. La presentación oficial será un acto diplomático en el que te darán a conocer al resto de las familias nobles.
            -Quieren saber si estás de acuerdo en presentarte ante ellos. –Terminó Andrea.
            -¿Qué hay de malo en eso? –Preguntó Cristal sin entender el mal humor de su maestro.
            -Andrea piensa que te manipularán y que intentarán ``sumergirte en su mundo de engaños, insultos velados de cortesías y falsa felicidad´´, como dice él. –Comentó Alina dirigiéndole una sonrisa divertida a su hijo. –Lo correcto sería que accedieras a su petición de presentarte en público, pero si tienes algún inconveniente nos encargaremos de que no tengas por qué presentarte.
            -¿Ocurriría algo si no quisiera ir?
            -Quizá la corte se tomaría ese gesto como una descortesía, pero no es nada que no se pueda arreglar. –Dijo Andrea volviendo a hablar y cambiando el peso de una pierna a otra. –Tú decides.
            Tras meditarlo durante unos instantes, pasó la mirada por todos los que se encontraban en la sala con ella. No tenía ningún problema en presentarse ante la corte, pero tampoco tenía intención de formar parte de ella, y no quería verse envuelta en aquel mundo del que hablaba Andrea.
            -Iré. Pero solo a la presentación, después quiero mantenerme al margen, no quiero verme involucrada en la corte. –Sentenció por fin, haciendo que la expresión del rostro de Andrea se suavizara un tanto.
            -Pobrecilla. –Comentó Alina ladeando la cabeza. –La has asustado con tus exageraciones y ahora piensa que la corte está formada por vampiros malvados, Andrea.
            -No son exageraciones, y muchos de los miembros sí que son vampiros malvados, aunque para ti sea una broma. –Tras decir aquello estiró el brazo hacia Cristal tendiéndole la mano y le hizo un gesto con la cabeza para que lo acompañara.
            Cristal se aferró a su mano, recordando cómo hacía unos años también la había cogido sin dudarlo. Caminó tras él durante un rato en el que Andrea la hacía ir corriendo por no darse cuenta de que sus pasos eran más largos y rápidos que los de ella. Cuándo se atrevió a preguntar a dónde iban se detuvo y se giró hacia ella, ladeando la cabeza, como si no tuviese respuesta para aquella pregunta.
            -Solo quería alejarme un poco de ellos. –Dijo con una sonrisa después de estar un tiempo en blanco. –Tenía que hablar a solas contigo.
            -¿Sobre la corte? –Preguntó Cristal, adivinando sus preocupaciones.
-Sí, sobre la corte. Si fueras otra persona no habría puesto pegas a que fueras, pero, tratándose de ti, no puedo estar tranquilo.
            Cristal arqueó una ceja.
            -No me entiendes ¿verdad? –Dijo Andrea, dejando escapar un suspiro de cansancio. –La corte controla los movimientos de toda Deresclya, incluso de los vampiros que viven en la Tierra. Está al mando de todos los protectores, de todos los vampiros del consejo, e incluso de los Guerreros Esmeralda. No te imaginas el poder que poseen. –Hizo una pausa, como si se sintiera abrumado por aquellos datos. –Cuanto más noble es la sangre de los vampiros que forman parte de la corte, más poder son capaces de ejercer sobre el resto de vampiros. Tú eres una pieza importante en ese juego, Cristal. Intentarán manipularte y enredarte en su política para que te veas implicada. Antes de que te des cuenta, un sicario asesinará al miembro con menos poder de la corte, y tú estarás ocupando su lugar.
            -Sólo iré a la presentación. Hola y adiós. ¿De acuerdo? Puedes estar tranquilo.
            Andrea se pasó la mano por el pelo. Cada vez lo llevaba más largo, cuando pasaba mucho tiempo fuera de casa descuidaba esas cosas.
            -Está bien, confío en ti. Eres una chica lista y no te dejarás engatusar tan fácilmente. Pero ten en cuenta esto: primero, te invitan a una gala, a un baile, o simplemente a una cena. Después, te presentan a los vampiros de la nobleza, a los más importantes. Un día recibes una invitación de uno de ellos, incluso de varias familias, para que vayas a visitar sus hogares. Otro día la corte vuelve a invitarte a otro banquete, en el que los aristócratas te hablan de sus negocios, de sus inversiones... y, de pronto, uno te ofrece un alto cargo en su trabajo, una oferta que sería de idiotas rechazar. Pronto os hacéis amigos, casi no sales de su casa, vives prácticamente con él, hablando de lo bien que os va el negocio y de las nuevas inversiones que podríais realizar juntos. Un día cualquiera, él mismo o uno de sus familiares, te insinúa que sería estupendo que los dos estuvierais en la corte, así vuestra alianza sería más sólida. Tú no tienes interés en formar parte de la corte, pero por no ser descortés e invirtiendo en vuestra amistad, le dices que sería estupendo, y prometes que cuando uno de los vampiros de la corte fallezca, cosa que sería prácticamente imposible, te presentarás como candidato a ocupar su lugar. Firmas un par de papeles dando tu palabra, solo por formalidad, creyendo que el día en que un miembro de la corte muera está muy lejos. Y al día siguiente uno de los siete de la corte aparece muerto en sus aposentos y, sin que te des cuenta, estás ocupando su lugar.
            -Vaya. –Pudo murmurar ella, algo impactada.
            -Tu abuela llamaba a ese proceso ``Los siete pasos´´. Ten cuidado, al aceptar esa invitación estás dando el primero, y llega un punto en el que es imposible escapar, así que procura no dar ni uno más.
            -Tranquilo, tendré cuidado. Como he dicho antes será algo rápido, después volveré a la villa y rechazaré el resto de ofertas de conocer a más aristócratas. No me involucraré. –Lo tranquilizó ella.
            -Espero que te lo estés tomado en serio. Ser de la corte no es divertido, Cristal. Todo el mundo sabe cada paso que das. No puedes ni estornudar sin que todos lo sepan. No puedes salir a la calle sin quince guardias cubriéndote por si algún francotirador contratado por otro miembro de la corte pretende asesinarte.
            -Lo tendré en cuenta. Gracias, Andrea. –Le dirigió una cálida sonrisa y él le acarició el pelo.
            Iba camino de su habitación cuando distinguió la silueta de Luca en el otro extremo del pasillo. A su lado iba Angelo gesticulando cada vez más con los brazos. Su hermano parecía aburrido y no le prestaba demasiada atención.
            Se quedó parada de pronto. Desde el día que había salido corriendo de su entrenamiento no había vuelto a hablar con él, y no tenía ganas de explicarle su extraño comportamiento.
            Giró la cabeza hacia ambos lados, buscando una puerta  por la que escapar. No sabía de quién sería esa habitación, probablemente fuera para invitados. La suya estaba un poco más adelante, y aquella estaba cerca de la de Angelo y Luca, pero no sabía de quién podía ser.
            Sin importarle demasiado, agarró el pomo de la puerta y se deslizó dentro cerrando la puerta tras ella sin hacer demasiado ruido.
            -¿Has visto eso? –Preguntó Luca, deteniéndose e interrumpiendo a su hermano menor.
            -¿El qué?
            -Juraría haber visto a Cristal metiéndose en mi habitación hace tan solo unos instantes.
            -Tonterías. –Zanjó Angelo. -¡Eh! ¿No me estabas escuchando?
            -No. –Respondió Luca con frialdad.
            -¡¿Cómo te atreves?! –Empezó él a gritar.
            -Calla.
            Después de un rato, consiguió que Angelo se calmara y este entró en su habitación.
            Luca se detuvo frente a la puerta de su cuarto, pensativo. Giró el pomo despacio y se asomó con precaución.
            Dentro, Cristal se percató del movimiento de la puerta y corrió a esconderse bajo la cama. Escuchó el ruido de la puerta abriéndose y se pegó aún más contra el suelo en un acto reflejo. Miró a su alrededor. Solo podía ver  las cosas que estaban a ras del suelo, pero le bastó para comprobar que no era  una habitación de invitados.
            Escuchó las pisadas de alguien , y poco después pudo ver las zapatillas de esa persona. Por los pasos que daba, parecía que estaba buscando algo. ¿Quizá la habría visto entrar? Deseó que no fuera así, entonces sí que tendría que explicar muchas cosas.
            Tras unos segundos de incertidumbre, notó cómo se sentaba sobre la cama. Al cabo de unos minutos escuchó el ruido de unas páginas al ser pasadas y descubrió que estaba leyendo un libro. Al poco rato, sintió cómo se movía sobre la cama y vio caer a su lado la camisa que se había quitado.
            Abrió los ojos de par en par al descubrir una de las camisas de Luca y empezó a ponerse aún más nerviosa. Estaba escondiéndose de Luca, y para colmo se había metido en su habitación. Si llegaba a descubrirla tendría que explicar más cosas de las que le gustaría.
            Estuvo a punto de dormirse. Cuatro horas en la misma postura le pasaron factura y cuando Luca se hubo marchado, ella salió por la ventana sintiendo dolorida la espalda. Anduvo por uno de los bordes que sobresalían de la fachada hasta llegar a su ventana. Tuvo suerte, la encontró abierta. Cuando ya tenía una pierna dentro, alguien encendió la luz de su cuarto y Cristal alzó la cabeza.
            La luz la deslumbró durante unos instantes, y estuvo a punto de desequilibrarse. Pero se aferró con ambas manos a los bordes de la ventana y dirigió la mirada hacia la persona que había encendido la luz.
            -Ah. –Se le escapó a Cristal al ver a Luca apoyado en el marco de la puerta.
            -¿Ah? –Se extrañó él por su reacción. -¿De dónde vienes?
            -E... De la calle. –Respondió ella.
            -¿De la calle? ¿Has subido por la fachada de la casa?
            Cristal rió, no sabía qué decirle e hizo caso omiso de la pregunta. Terminó de entrar a su habitación y se estiró la ropa.
            -Bueno, ¿te apetece bajar a entrenar?
            Fue a asentir con la cabeza pero recordó la última vez que habían combatido y se lo pensó dos veces. Además, todavía tenía los músculos entumecidos.
            -No lo sé... es que... estoy algo cansada. –Comentó Cristal, frotándose la nuca.
            -¿Y un paseo? –Le propuso él,  resuelto.
            -Me duelen un poco las piernas...
            -Está bien. –Murmuró dando media vuelta. –Nos vemos.
            Cristal pensó si había hecho bien. Enseguida se arrepintió de haberle mentido y no haber bajado al jardín con él pero, de todas formas, no salió caminando tras él.
            Todavía recordaba el olor de su sangre, y la sensación que había experimentado al olerla. Lo cierto era que estaba acostumbrada a los olores de la sangre, o eso creía. Había pasado mucho tiempo en el hospital de la Ciudad de las Tinieblas, pero nunca había percibido un aroma que oliese tan bien. Aquella sensación la asustaba, no sabía decir por qué, pero no se acobardaba ante dos asesinos de su raza, y sí ante la idea de que una sangre pudiese atraerla de esa manera.
            Esa misma semana llegó a la villa una carta con el sello de la corte. Cristal la leyó con atención y después se la enseñó a Alina. En ella le informaban de que la presentación oficial tendría lugar en dos semanas. Sin que la joven lo entendiera, Alina se alteró y empezó a andar de un lado para otro, nerviosa.
            Se iba a celebrar un baile, y según Alina no tenían apenas tiempo para prepararla. <<¿Para qué tengo que prepararme?>> Le preguntó ella sin entender.  Para cuando lo comprendió, estaba probándose vestidos en una de las tiendas de la capital.

            Pasaron un día entero entrando y saliendo de tiendas y boutiques hasta que, por fin, encontraron a una modista que accedió a cumplir los requisitos y las exigencias de Alina a la hora de confeccionar un vestido en una semana. 

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